El concepto de Bön Chamanístico Ancestral (a menudo denominado por los eruditos como Dömai Bön o Bön pre-budista) representa la capa más antigua de la espiritualidad tibetana. A diferencia del Yungdrung Bön moderno (que funciona como una iglesia monástica), el chamanismo ancestral no estaba orientado a la iluminación espiritual ni al escape del Samsara, sino a la supervivencia, el equilibrio ecológico y la negociación con el mundo invisible.
- Lha (El Cielo): El plano superior, habitado por deidades celestiales y benévolas asociadas con la luz, el clima y la fortuna del clan.
- Nyand (La Tierra): El plano del medio, habitado por espíritus de la naturaleza que residen en árboles, rocas y, de manera muy especial, en las montañas sagradas. Eran sumamente territoriales y se ofendían si se contaminaba el agua o se destruía el paisaje.
- Lu (El Subsuelo y las Aguas): El plano inferior, habitado por criaturas subterráneas y acuáticas (similares a las Nagas indias) asociadas con la fertilidad de la tierra, la riqueza, pero también con enfermedades si se les perturbaba.
- Exorcismo y Apaciguamiento: Si alguien caía enfermo, se asumía que un espíritu de la naturaleza (Nyand o Lu) había robado su energía vital (La) debido a una ofensa. El chamán entraba en trance para negociar o someter al espíritu.
- Rituales Funerarios Complejos: Una de las tareas más cruciales era guiar el alma del difunto a través de los peligrosos reinos de la muerte para evitar que se convirtiera en un fantasma errante que dañara a los vivos.
- Adivinación y Astrología: Usaban hilos de colores, caparazones de tortuga, dados y la observación de los astros para predecir el éxito de las cosechas, las guerras o los matrimonios del clan.
- El Tambor Chamánico: El tambor de una sola cara era el instrumento central. Su ritmo constante permitía al chamán alterar su estado de conciencia y "viajar" espiritualmente a los reinos superiores o inferiores.
- Sacrificios Reales: A diferencia del Tíbet actual, el chamanismo ancestral recurría a sacrificios rituales de animales (caballos, ovejas o yaks) durante los juramentos de los reyes, tratados de paz y entierros reales para sellar pactos espirituales de gran envergadura.
- Las Banderas de Oración (Lungta): Diseñadas originalmente para armonizar los elementos naturales y apaciguar a los espíritus locales del viento y la montaña.
- Las Ofrendas de Humo (Sang): La quema ritual de ramas de enebro para purificar el ambiente y alimentar aromáticamente a las deidades locales de la tierra.
- Los Oráculos Estatales: La práctica de que un espíritu o deidad posea el cuerpo de un médium (como el famoso Oráculo de Nechung) proviene directamente de las raíces de trance del Bön primitivo.
- Los Monjes y Lamas (Budistas o Bönpos monásticos): Se ocupan de los asuntos trascendentales y del "más allá". El monje asiste cuando se requiere meditación profunda, enseñanzas filosóficas, acumulación de buen karma y, sobre todo, para guiar la conciencia tras la muerte para una buena reencarnación.
- Los Chamanes u Oráculos Locales (Prácticas ancestrales): Se ocupan de las emergencias de la vida cotidiana y de los asuntos del "más acá". Si un aldeano enferma repentinamente, si hay sequía, si se pierde el ganado o si se sospecha de la ira de un espíritu de la montaña por haber talado un bosque, se acude al chamán del pueblo.
- Mientras el monje o lama se sienta en un altar elevado leyendo los textos sagrados (Sutras), el especialista ritual local puede estar en trance o realizando adivinaciones a pocos metros.
- Ambos se complementan sin contradicción: la gente del pueblo considera que el universo invisible es demasiado amplio y complejo como para ignorar a los espíritus de la tierra o a los Budas.
- Los antiguos e impredecibles espíritus chamanísticos de la naturaleza (Lha, Nyand, Lu) fueron sometidos simbólicamente por grandes maestros históricos, como Padmasambhava.
- Hoy en día, los monjes budistas reconocen a estas deidades locales, pero las consideran protectores jurados del Dharma (los Dharmapalas). Por lo tanto, los propios monjes rinden culto a los espíritus de las montañas, utilizando los antiguos ritos de humo de enebro ancestrales (Sang) integrados en la liturgia del monasterio.